El cielo cierra sus ojos azules.
La casa cierra todos sus ojillos.
El prado duerme bajo su edredón.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.
Sobre sus patas ponen la cabeza
y se duermen, igual que sus zumbidos,
suavemente, la avispa y el insecto.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.
El tranvía dormita dulcemente
con su velocidad, que se ha rendido,
mientras, en suenos, tintinea un poco.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi nino.
Sobre la silla, mudo, el saco duerme,
su desgarrón también está dormido,
pero así ya no seguirá creciendo.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.
Duermen igual el bosque y la pelota,
duermen en paz los paseos y el pito.
El dulce caramelo también duerme.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.
La distancia será un día tan tuya
como tus lindas bolitas de vidrio.
Te volverás gigante, pero duerme.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.
Llegarás a ser bombero, soldado
y pastor de los más feroces bichos.
Mira, tu mamá ya también se duerme.
Ay, duérmete ya, duérmete, mi niño.
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