Tus cabellos son de mis dedos, bajo tus faldas
se esconde, asombrado, mi corazón,
y las hojas del almanaque caen zumbando.
Cuando vienes, llora como un nino
mi viejo umbral, para que vengas otra vez.
Mis antiguos días, en grupo cerrado,
muerden sofocados mis orejas:
¿por qué, al besarla, no nos dejaste en ella?
!Y los días no comprenden que son pálidos y tontos
y que sus luces no pueden ser de tus ojos!
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