¡Aire!


¿Pero quién me prohibe hablar de mis tormentos
mientras iba a mi hogar?
Como un suave rocío descendía en el césped
la tibia oscuridad
y las delgadas hojas, debajo de mis plantas,
como niños golpeados, murmurando en voz baja,
giraban sin cesar.
Las malezas espiaban en cuclillas, al mismo
borde de la ciudad.
El viento del otoño se tambaleaba, lento.
La tierra, en su humedad,
recelosa acechaba los despiertos faroles.
Cerca de mi camino graznó un pato salvaje
echándose a volar.
Pensé: si alguien me ataca, cómo pues defenderme
en esta soledad.
Y un hombre en ese instante apareció en el verde,
mas no dejó de andar.
Vi como se alejaba. Él podría robarme
pues ni siquiera tengo ganas de defenderme:
¡mi miseria es total!
Pueden tomar en cuenta lo que he telefoneado
y a quién, cuándo y por qué,
y consignar en actas mi suenos, con los nombres
de aquellos que los ven.
No me imagino cuándo hallarán un motivo
No me imagino cuándo hallarán un motivo
mi derecho de ser.
Y en este país mío las frágiles aldeas
(mi madre nació allí)
se cayeron del árbol viviente del derecho
como estas hojas, y
si la arrugada mala suerte las pisotea,
cada una rechina gritando su miseria
y al polvo va a morir.
Yo así no imaginaba el orden. Tal no era
de mi alma el anhelar.
No pensé que la vida pudiera ser tan fácil
para el astuto, ¡ay!
Ni creí que la gente votara, cabizbaja,
con terror, para luego reir sin freno cuando
la cena funeral.
No era así como yo me imaginaba el orden.
A pesar de que a mí
me golpeaban tanto –sin yo saber por qué–
cuando era un pequeñín,
y una buena palabra me hubiera hecho más dócil.
Mi madre estaba lejos y mis parientes eran
tan ajenos, ¡oh, sí!
He crecido. En mis dientes una materia extrana
el tiempo acumuló
y en el pecho la muerte. Pero tengo derechos
y todavía no soy
y en el pecho la muerte. Pero tengo derechos
y todavía no soy
no es tan caro que calle aun a sabiendas de
¡que no soy libre, no!
¡Mi verdadero jefe guía en mí, dentro! Somos
conciencia, humanidad,
y no fieras. Si el pecho madura los anhelos
nunca lo archivarán.
¡Ven a mí, libertad, ven a parir el orden,
y a tu hijo hermoso y grave enséñale a las buenas
y déjale jugar!


作者
尤若夫·阿蒂拉

译者
Jamís, Fayad

来源

http://www.elperroylarana.gob


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