Las dos fuimos hacia la ventana al levantarnos.
Esa mata de árboles y verdes enredados
de donde salen chillidos y aleteos
que separa su ventana de la mía
es un alivio a cualquier hora.
Las dos fuimos hacia la ventana
pero ella fue casi desnuda.
Los árboles, las lianas, las aves en el medio;
y más allá su cuerpo blanco (tetas grandes, caídas,
y panza señorial) fue también un alivio.
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