En el otoño, el tiempo, vehemente, meditaba,
y ahora pensando nevaría.
En la clara ventana de la dura helada
tamborilea el irritado tiempo.
Este tiempo presente
es el de los generales y banqueros.
Frío forjado, relumbrante
cuchillo-tiempo.
El cielo chorreante está blindado.
La helada perfora, hiende el pulmón
y el pecho desnudo detrás de los harapos.
En piedra de amolar chirría el tiempo.
Detrás del tiempo ¡cuánto pan silencioso
y frío!, y cajas de hojalata,
y un montón de cosas heladas.
Escaparate-vidrio-tiempo.
Y los hombres gritan: ¿Dónde está la piedra?
¿Dónde el escarchado pedazo de hierro?
¡Arrójaselo! ¡Hazlo trizas! ¡Penetra!
¡Qué tiempo! ¡Qué tiempo! ¡Qué tiempo!
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