Morir... joven... morir... No, no quería.
Amaba el cálido sol,
la luz, la poesía, el destello de unos ojos,
y no quería destrucción, guerra.
No. No quería.
Pero si hoy se me obligara a vivir
en un baño de sangre, en la terrible destrucción,
Bendito sea el Señor por el derecho
a vivir; que venga la hora de la muerte
sobre tu tierra, mi país, mi patria.
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