Corto la leña, crece el montón fresco.
El nudo, chirriando, resplandece.
Sobre mi pelo alado cae escarcha
y luego me hace cosquillas en la nuca.
Corre mi tiempo sobre terciopelo.
En lo alto reluce el hacha de la helada.
Chisporrotean tierra y cielo, ojos y frente.
Cimbra el alba, vuelan luces-astillas.
Allá otro leñador, gruñendo, agita el hacha.
He devastado el tronco; sólo tendré las ramas.
¡Vamos, golpea alegremente el duro tronco!*
Que no te asuste ya la más pequeña astilla.
Si asestas el hachazo en el sitio debido,
el senorial desierto crujirá
y el hacha gruesa sonreirá.
*El poeta emplea el vocablo húngaro’tőke’
que significa, a la vez, tronco y capital.
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