Bailón, rizado, en cadenas,
¡ay, tus patitas rellenas!
¿Hacia dónde van tus pasos?
Las chicas te abren sus brazos.
¡Bruma, bruma, brumazá!
Caro y hermoso es mi abrigo.
Siempre lo llevo conmigo:
piel de martas y garduñas,
y lo cosí con mis uñas.
¡Bruma, bruma, brumazá!
Buscando perlas lucientes
un día encontré mis dientes.
Niños que el invierno alcanza,
os doy mi peluda panza.
¡Bruma, bruma, brumazá!
Bailo así, sin agitarme,
para que puedas pintarme.
De tus cabellos, viejita,
puede hacerse una brochita.
¡Bruma, bruma, brumazá!
El que un tesoro ha guardado
le puede dar un puñado,
sonriedo, al empuñador
con su puño agarrador.
¡Bruma, bruma, brumazá!
¡Qué hermosa rueda en el mundo
la flor del cobre profundo!
Y un capataz se ha quedado
cojitranco y alelado.
¡Bruma, bruma, brumazá!
Sonríe el oso lloroso
y el que nada da es más oso.
Si el frío en tus patas zumba,
ya pronto hallarán su tumba.
¡Bruma, bruma, brumazá!
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